¿Está la comunidad LGBTQ preparada para la América de Trump?

"Ahora tenemos otros asuntos de los que preocuparnos, como si podremos seguir manteniendo todo lo que hemos conseguido hasta ahora".
A mediados de octubre, la historiadora Lillian Faderman comenzó a preparar notas para su intervención en la Feria del libro de Miami, un festival literario internacional al que cada año acuden cientos de miles de lectores y escritores. En el marco de este evento, Faderman tenía intención de disertar sobre su libro The Gay Revolution (2015) y sobre la lucha por los derechos del colectivo LGBTQ. Sin embargo, la inesperada victoria de Donald J. Trump la obligó a revisar el contenido de sus notas.
"Tenía pensado hablar sobre la larga lucha que se ha librado para obtener igualdad jurídica, concluyendo con la victoria de Clinton y poniendo de manifiesto otros aspectos, como la necesidad de disponer de una ley federal que regule los derechos civiles", me contó Faderman, "pero ahora eso representa solo la guinda del pastel. Ahora tenemos otros asuntos de los que preocuparnos, como si podremos seguir manteniendo todo lo que hemos conseguido hasta ahora. Eso es de lo que voy a hablar".
Pero Faderman no es la única. A juzgar por la retórica nacionalista y contraria a la inmigración de la que Trump hizo gala durante toda su campaña, las minorías estadounidenses tienen sobradas razones para estar preocupadas. Tras el estado de alarma y pánico que cundió tras el resultado de las elecciones, las minorías sexuales y de género ahora temen sufrir un retroceso sin precedentes en la historia del país.
Esta situación plantea una incógnita, y es si la comunidad LGBTQ podrá volver a despertar el fervor radical que impulsó el movimiento liberador del colectivo entre las décadas de 1960 y 1980, aquella muestra de lucha reivindicativa que no ha vuelto a repetirse hasta la fecha.
Aunque los expertos no pueden hacer otra cosa que especular sobre los cambios exactos que podría poner en práctica Trump en un Congreso de mayoría republicana, no cabe duda de que el nuevo presidente tiene en su poder los medios para dar al traste con todos los derechos que ha costado décadas obtener. No olvidemos que Trump designó como segundo de a bordo a Mike Pence, signatario de la discriminatoria ley de "libertad religiosa" de Indiana y firme defensor de la idea de que el matrimonio igualitario acabaría provocando el "colapso de la sociedad". Una vez se hizo con la victoria, Trump puso a Pence al mando del equipo de transición.Entre otros nombres preocupantes del equipo del magnate y ahora presidente figura el de Ken Blackwell, a cargo de los asuntos de política nacional; Blackwell estuvo trabajando en el Family Research Center, un grupo de presión cristiano conservador que ha sido acusado por la ONG Southern Poverty Law Center de fomentar el odio hacia el colectivo LGBTQ. Quizá lo más alarmante de todo sea la promesa del presidente electo de aprobar la Ley de defensa de la Primera Enmienda, que permitiría a cualquier persona o entidad desde empresas a proveedores de servicios sanitarios ignorar la legalidad de los matrimonios igualitarios y negarse a ofrecerles sus servicios.
Los desafíos a los que tuvo que enfrentarse la comunidad LGBTQ durante los ochenta era, naturalmente, muy distintos a los actuales. Pero, como dice Signorile, a toda generación le llega su aviso. "Algo que aprendimos en los ochenta, con Ronald Reagan y el sida, es que para llamar la atención de los medios hay que movilizarse y protestar", afirma. "Empezar a organizarse ya y dan un toque de aviso a la administración de Trump podría ayudar a evitar situaciones extremas en el futuro".
"Obviamente, pueden suceder cosas malas de todas formas; nadie sabe de qué es capaz Trump", señaló Faderman, quien confía plenamente en las masas de manifestantes y los grupos en defensa de los derechos civiles.
"Confío en nuestra capacidad de responder. Estamos mejor organizados como comunidad y tenemos más experiencia como activistas", afirma.

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